Archivo de March, 2008

Mar 25 2008

Día 60 – De Cusco, Perú a La Paz, Bolivia

Publicado por Ulises bajo Crónicas del camino

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Cusco: ciudad colonial, colgada de las montañas, entre el virreinato y el siglo XXI. (F) Paseamos por el barrio de San Blas, subimos al cerro del Cristo Blanco, (F) con detenido interés analizamos la perfecta conjugación de razas, colores y tiempos.

Salimos de Cusco llenos de expectativas con la intención de visitar Machu Pichu. Este asentamiento arqueológico es el más importante del grupo formado por aquellos ubicados en Pisac, Urubamba y Ollantaytambo. Visitar cada uno implica costos imposibles de solventar para nosotros, por lo mismo decidimos únicamente entrar al primero. Aun esto derivará en un enorme sacrificio, sin embargo oportunidades como esta suelen presentarse pocas veces en la vida.

Conducimos hasta Ollantaytambo, (F) donde abordamos un pequeño tren con destino a Aguas Calientes. Viajar en tren siempre resulta una experiencia distinta. El tren nos habla de sueños comunes, esperanzas compartidas. Como el barco, es sinónimo de inmensas distancias, asumidas con la paciencia de quienes saben que un porvenir mejor les aguarda. Todo pudimos percibirlo durante el corto trayecto hasta Aguas Calientes. (F) Ahí se debe todavía tomar un autobús que deja al visitante justo en las puertas de la nueva maravilla del mundo moderno.

El nombre proviene de dos vocablos quechuas: machu (viejo), y pichu (cima). Su construcción data de mediados del siglo XV y el descubrimiento se atribuye al investigador norteamericano Hiram Bingham; aunque existen versiones que lo acreditan a un granjero cusqueño de nombre Agustín Lizárraga. Lo primero que advertimos es la gran cantidad de turistas, de nacionalidades diversas, que visitan el sitio. (F) Son bastantes y, según explican los empleados, nos encontramos en temporada baja. Dinamarca, Japón, Inglaterra, Alemania, Francia, etc, todos subyugados por el misterio y grandeza del imperio incaico. Visitantes de Latinoamérica también suelen acudir en gran cantidad, mas no tanta como la cercanía geográfica y espiritual haría suponer. Aquí estamos: dos mexicanos que vacían sus bolsillos para llenarse de energía, para aprender de hombres que construyeron imperios atemporales, la manera de construir diminutos imperios cotidianos, instantáneos, donde sostener nuestra temporal existencia.

Un aura de mágica ancestral invade inmediatamente se traspone la entrada. El recorrido puede realizarse en tres horas promedio. Parte de la estructura ha sido conservada, otra reconstruida y se han agregado también algunos detalles para mayor comodidad del caminante. Es posible constatar un evidente carácter ceremonial en todo el conjunto, lo cual indica que pudo tratarse de un santuario. De cualquier forma se manifiesta la sensación de observar un prodigio de arquitectura e ingeniería. Se puede contratar un guía, o avanzar por cuenta propia, imaginando la función de este o aquel recinto; los juegos realizados dentro del jardín inferior; los rituales celebrados en ocultos espacios sagrados. Vestigios de un imperio que se yergue imponente, orgulloso; pasado como punto de partida, presente como raíz profunda de lo latinoamericano. (F)

Nos alejamos de la gran construcción, para acercarnos lo más posible a la frontera peruano-boliviana. Nuestros pasos son escoltados por el lago Titicaca. (F) Lago que quiso ser mar, de un azul profundo, más azul todavía que el cielo bajo el cual se extiende, inmenso. Los trámites resultan en esta ocasión muy sencillos, sorprendentemente. Justo cuando empieza a oscurecer, hemos arribado a La Paz, Bolivia.

Sirvan para despedirnos los siguientes versos extraídos del segmento “Alturas de Machu Pichu”, incluido en el “Canto General”, del poeta chileno Pablo Neruda:

Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta / A través de la tierra juntad todos / los silenciosos labios derramados / y desde el fondo habladme toda esta larga noche / como si yo estuviera con vosotros anclado.

Pronto estaremos en contacto. Adiós, y hasta donde América nos permita encontrarnos de nuevo.

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Mar 18 2008

Día 53 – De Huanchaco a Lima y Camino a Cusco, Peru

Publicado por Ulises bajo Crónicas del camino

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Salimos de Huanchaco, no sin antes desayunar un exquisito plato de ceviche peruano (muy parecido al mexicano, pero sin tostadas o galletas saladas). El paisaje permanece casi inalterable (F). Sepulcros entre las dunas, aquí los muertos vuelven a morir de sed. Si pudieran unirse a un vuelo de palomas… mas como dice Joan Manuel Serrat: “Los muertos están en cautiverio, y no los dejan salir del cementerio.”

Por consejo de Pancho León, un amigo peruano, hacemos un alto en el restaurante “La Balsa”, justo en el kilómetro 347 al norte de Lima. (F) Nada más llegar sale a nuestro encuentro su propietario, el señor Clemente Luyo, quien al enterarse de nuestra nacionalidad, viaje y objetivo, nos invita a pernoctar ahí. Comemos un delicioso pescado apanado (empanizado), con tacú tacú (tortilla hecha de frijol blanco, arroz, cebolla, ajo), en tanto la cocina es habitada por historias extraordinarias. Don Clemente (F) resulta ser un personaje admirable, repleto de anécdotas. Invadido de gran entusiasmo platica de ciclistas y caminantes que han pasado por su casa. Él los recibe, les brinda alojamiento, comida, amistad. Atesora un libro en el cual agradecidos viajeros de Japón, Inglaterra, Tailandia, Francia, etc, escriben palabras de gratitud para su benefactor. Varios mantienen contacto al paso del tiempo y le hacen llegar postales frecuentemente. Cuenta acerca de un trío de ciclistas mexicanos, originarios del estado de Querétaro, que estuvieron en su restaurante el año 1999, permanecieron tres días y se despidieron, dejándole sentimientos de tristeza por su partida. Fue una tertulia maravillosa, como hace mucho tiempo no la vivíamos. Otro día, luego de un paseo por las dunas que rodean el lugar, (F) partimos tras almorzar de nuevo por invitación de Don Clemente. Mientras dice adiós nos pide tratar de localizar a los ciclonautas mexicanos y ayudar a un loco caminante colombiano al cual no pudo atender personalmente. Llenos de ánimos renovados, con el número telefónico de Clemente Luyo hijo quien, a pedido expreso de su padre y su hermana aguarda por nosotros en Lima, reanudamos la marcha. No olviden visitar el restaurante “La Balsa”, se come delicioso, se vive la vida como se debe.

Camino hacia Lima tuvimos la suerte de de topar con el caminante del que habló Don Clemente. Su nombre es Guillermo Vega, (F) dice caminar por la paz y para cambiar la imagen de Colombia ante el mundo. No recibe apoyo de institución o gobierno alguno, sólo de su familia y, más importante aún para él, cristiano convencido, de Dios todopoderoso. Difundirá su mensaje por Sudamérica hasta el año 2010, fecha en la cual planea volver a casa. Valiente tipo. Lo apoyamos en la medida de lo posible y continuamos, sin hablar, convencidos ahora de que esta aventura no será tan complicada como habíamos creído.

Clemente hijo heredó la generosidad paterna. (F) Una vez estuvimos instalados, nos invitó a tomar pizco (bebida tradicional peruana), en un bar cercano. Con su agradable compañía recorrimos Lima: La Catedral, El Palacio de Gobierno, La Plaza Central, El Puente de los Suspiros; (F) presenciamos la procesión de “La Hermandad del Santuario de Santa Catalina”, (F) la cual desbordaba fervor religioso, ambiente festivo y espiritualidad popular. Tarde dominical: perspectivas divergentes fundidas en la ciudad que sueña con el mar.

El mismo Pancho León, quien nos había recomendado visitar el kilómetro 347, y es además copropietario de la compañía Alta Ruta 4X4, (F) patrocinó un servicio completo para el auto: rotación de neumáticos, cambio de aceite, lavado de motor, chasis. Hasta hoy no se han presentado problemas de ningún tipo, sin embargo la previsión es importante. La integridad física del vehículo resulta casi tan imprescindible como la propia. Gran tipo Pancho, quedamos pendientes para hacer ruta 4X4 en Sonora.

Antes de abandonar Lima, pasamos a la embajada de México, con la intención de saludarles e informarles sobre nuestra travesía. Un guardia dejó paso franco y adentro las sorpresas aguardaban de nuevo, incansables: el cónsul José Ramón López, es originario de Guaymas, Sonora. Algo sospechamos al observar un pequeño cactus sobre su escritorio, artesanías de palo fierro, fotografías del cerro tetakawi, y el lo confirmó minutos después con sus palabras y su trato. Desde un principio la conversación fue animada, cálida, llena de la franqueza de quienes se reconocen a sí mismos en montañas, mares y desiertos. José Ramón se despidió, no sin antes proponer encontrarnos más tarde en el hotel Las Americas, donde tendríamos la oportunidad de conocer a un misterioso personaje.

Sucedió que, tiempo atrás, el cónsul de México en Lima ayudó al vocalista del Tri, Alex Lora, con la realización de ciertos trámites consulares. Agradecido, Alex prometió llamarlo para comer la próxima vez que visitara el Perú. Como buen rocanrolero cumplió su promesa, se comunicó con José Ramón, y éste a su vez hizo extensiva la invitación para nosotros. Cena divertida e informal. (F) Alex Lora es un sobreviviente del origen, sencillo, con los pies en la tierra. Su música trasciende fronteras geográficas y cronológicas, se ríe de brechas generacionales, es recuerdo palpitante. Acompañamos también al señor Lora la tarde siguiente a visitar un horfanato ubicado en las afueras de Lima. Alex cantó para los niños y estos corearon sus canciones, (F) felices de recibirlo. Lado diferente, escasamente conocido, del veterano músico mexicano.

Nos vamos de Lima con el corazón contento. Recibimos excelente trato, amable y desprendido. Agradecimientos infinitos a Clemente, que nos dio posada, y a José Ramón, quien nos obsequió una botella de chiltepines y una bolsa de carne machaca como paliativo temporal para la nostalgia. Con ellos estamos en deuda.

Otra vez rodando sobre caminos andinos. (F) Las nubes, que permanecen voluntariamente atrapadas entre paredes de roca, nos saludan como a viejos conocidos. Faldas agrestes, inmensos valles de fértiles pastos, alpacas y vicuñas saltando, (F) indiferentes ante la majestuosidad de las ancestrales formaciones rocosas. (F) Naturaleza milenaria, cobijando siempre al hombre que vive regido por su sabiduría. Llegado el momento, los adjetivos suelen ser injustos, toca el turno entonces al homenaje que únicamente el silencio sabe rendir. Para terminar de trazar este mapa bidimensional de lo irreal, John, Ringo, Paul y George, se manifiestan en la parte posterior de la camioneta. Las luces de la ciudad de Cuzco se divisan a la distancia.

Pronto estaremos en contacto. Adiós, y hasta donde América nos permita encontrarnos de nuevo.

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