Archivo de June, 2008

Jun 30 2008

Día 154 – Manaus, Brasil – Valencia, Venezuela

Publicado por Ulises bajo Crónicas del camino

Atracamos en Manaus la noche del domingo, mas únicamente pudimos desembarcar hasta la mañana del lunes pues nadie se encontraba laborando en esos momentos. Última noche en la balsa, como un parpadeo transcurrieron estos días. Lo relativo del tiempo, su relación con los actos humanos, la naturaleza y la nada-todo que nos circunda, ha sido comprobado durante el abrir y cerrar de ojos que precede al lunes por la madrugada. Maniobras habituales para desembarcar, despedida sincera de la tripulación; de nuevo sobre tierra firme.

Acompañados de Everton, (F) miembro del personal de la empresa naviera Sanave, pudimos echar un vistazo al puerto: la feria, el mercado donde, (F) lo sabríamos después, dijimos adiós al churrasco, el teatro Amazonas (F). Muros, óleos colgando de las bóvedas; especias que confunden el olfato (F), pescados gigantes, pollos sin cabeza, chanchos muertos con la sonrisa en los labios, vagabundos que buscan sobras de vida, mujeres que nadie quiere ya en su cama; sustancia delirante de amazónicas confusiones.

Tras detenernos brevemente en Presidente Figuereido para actualizar la página de Internet, seguimos rumbo a Boa Vista, muy cerca de la frontera con Venezuela, por una carretera destrozada (F), prácticamente intransitable. Dicha rúa cruza la reserva indígena Wamuri Atroairi, sobre la cual habíamos recibido varias advertencias. Los habitantes han impuesto un horario de 6 A.M. a 6 P.M. para transitar dentro de la zona y se recomienda no detenerse en ningún momento del trayecto. Algunas recomendaciones parecían exageradas, algunas historias descabelladas: secuestros, cabezas reducidas, qué se yo. Al final decidimos prescindir de averiguar el grado de veracidad. Los cazadores de mitos pasan por otro canal.

Cruzar la frontera resultó relativamente sencillo (F). La multa de la cual les habíamos contado se aplicó, mas puede cancelarse al volver a Brasil. Por cierto, nos llevamos un buen susto, pues por exceder la vigencia del permiso para el vehículo, pretendían cobrar otra multa cuyo valor ascendía al 10% de su valor. En un instante todo se derrumbó dentro de nosotros (citando a Manuel Alejandro), pero finalmente se resolvió entre caras tristes y súplicas en portuñol.

Ya del lado venezolano, primera sorpresa, carreteras en perfecto estado (F). Llegando a Santa Elena debíamos conseguir gasolina y, segunda sorpresa, aquí tiene un bajísimo costo: tanque lleno por 4 dlls. Después de recorrer Brasil, esto resultaba el mundo feliz para nuestros ocho cilindros. Ahí mismo conocimos a los hermanos Víctor y Moisés Torrealba (miembros del personal de comunicación social del municipio), quienes nos ayudaron desinteresadamente a encontrar un lugar donde pernoctar, buscar comida económica, tomar unas cervecitas bien heladas (F). También gracias a su apoyo evitamos extensas filas para conseguir combustible, problemática relacionada directamente con la proporción costo-beneficio de la gasolina entre Venezuela y Brasil. Dijimos adiós a los hermanos Torrealba, convencidos de que las cosas marcharían bien en Venezuela.

“Caballo le dan sabana porque está viejo y cansado…” Este verso es parte de una canción típica de la zona conocida como Gran Sabana, ubicada en el estado de Bolívar (F). Tiene abundancia de cascadas a las cuales se puede acceder desde la carretera, recorriendo pocos kilómetros. (F)

Si alguna vez leyeron “El mundo perdido”, de Sir Arthur Conan Doyle (conocido autor de “Las aventuras de Sherlock Colmes”), o vieron la película basada en dicha novela, deben saber que ambas fueron inspiradas por la geografía física presente en el Parque Roraima, (F) localizado en los alrededores de la Gran Sabana. Obligados por el mal clima, debimos quedar satisfechos con una vista panorámica, desde el sitio más cercano al cual se podía llegar sobre cuatro ruedas. Es posible adivinar el misterio oculto por las montañas que custodian límpidas aguas, gigantescos helechos, (F) vegetación entrelazada, silencio natural, desquiciante. Esta combinación elemental podría recordarnos, si la memoria no fuera invención humana, un tiempo sin hombres, sin nombres, sin palabras.

Continúa el trayecto, custodiados por el río Orinoco reanudamos la marcha. En ciudad Bolívar hicimos contacto con Maru, amiga venezolana que había seguido nuestra aventura con mucho interés desde el principio. Al fin, teniendo a Puerto Ordaz como escenario, nos conocimos personalmente. Maru es una chica emprendedora, decidida. No hay barreras entre ella y los objetivos establecidos para cada día, cada instante de una existencia plena de tiernas novedades.

Con integrante temporal en la tripulación seguimos hasta Maturín donde Ronald, amigo de Maru e inmediatamente amigo nuestro, nos mostró algunos atractivos de la ciudad: catedral, plaza de armas, centro comercial, etc. Todo ello mientras disfrutábamos bebidas refrescantes de distintas marcas, colores y sabores. Saludos a Ronald y a su hermano Olivier. Nos veremos en México, tal vez. (F)

Luego de disfrutar de un concierto y una exposición de fotografía, (F) pintura y escultura en el parque La Llovizna, acampamos en Playa Colorada siguiendo las instrucciones de Ronald, y llegamos la jornada siguiente a Valencia, hogar de Maru y su familia, donde fuimos amablemente recibidos.

Bajo la guía de Belky, caraqueña de frases rápidas e inmejorable disposición, recorrimos la capital venezolana, ubicada a dos horas de Valencia. Avenida Bolívar, Panteón Nacional (F), Torres del Silencio (F), Palacio de Gobierno, Barrio de El Hatillo . Caracas deslumbra por su mezcla cronológica, combinación étnica que se proyecta en el más amplio espectro cultural. Pero también ahoga con su terrible tráfico vehicular, la paranoia citadina, el miedo acechando los hogares (F). Claroscuros perpetuos de la microhistoria latinoamericana.

La buena suerte parece alcanzarnos en Venezuela. Fuimos entrevistados por un importante diario, El Carabobeño (F), y una televisora local (F). Agradecemos su interés y esperamos resultados positivos para nuestro periplo. (F)

Queremos agradecer también, y muy especialmente, a la familia Lozada por todas sus atenciones. Charlar con ellos significa recuperar costumbres regionales, tradiciones de familia, pasados que se arraigan en lo más profundo de una genealogía de hospitalidad y buen trato. Permanece parte de nuestra odisea aquí, en compañía de Maru, doña Dulce y don Pedro (F). Viajarán los recuerdos con mucha frecuencia hacia estos cálidos rincones del alma venezolana.

Pronto estaremos en contacto. Adiós, y hasta donde América nos permita encontrarnos de nuevo.

12 responses so far

Jun 16 2008

Día 143 – De Recife, Brasil a Manaus, Amazonas, Brasil

Publicado por Ulises bajo Crónicas del camino

Amazonas 

Campamento en las afueras de Salvador Bahía (F). Lluvia omnipresente, pertinaz. Dentro de la casa de campaña el agua se cuela, desde arriba y a través del suelo; de tal forma, sin conocer bien la hora, debemos guarecernos en el auto, secarnos e intentar dormir, lo que suceda primero.

Un elemento que nos inspiraba temor frente al hecho de recorrer Brasil era la diferencia de idioma. Podemos decir que cuando se habla despacio (falar devagado en portugués), resulta posible comprenderse. No obstante, cuando preguntamos por cierta dirección a cualquier transeúnte, conversamos con algún empleado de gasolinera o vendedor de castañas, queda siempre la sensación de comprender sólo la mitad, nunca el sentido completo de la charla. Ignoramos si nos invitan a comer o debemos pagar nuestro consumo, si quieren presentarnos a sus vecinas antes o después de asistir a misa con sus amigas, si la recepcionista de una posada quiere compartir esta noche o la de mañana, la cual llegará en otro sitio, lejos de su posada y de sus piernas. Minucias del idioma podríamos llamarlas. Raíces etimológicas comunes resultan insuficientes para buscar pizza económica en Praia do San Miguel.

A continuación un pequeño glosario de palabras utilizadas cotidianamente en el habla brasileña: Alugar – Rentar, Vitamina – Licuado, Presuto – Jamón, Café da Manha – Desayuno, Suco – Jugo, Refrigerante – Soda o Refresco, Loja – Tienda, Frango – Pollo, Rodizio – Buffete.

A pesar de los comentarios poco halagueños al respecto, la comida brasileña ha rebasado nuestras expectativas. Primero excelentes carnes en el sur, un buffete en Río donde devoramos como naúfragos, y aquí al norte platos de churrasco (carne asada), muy bien servidos por menos de seis reales. Hablando del buffete en Río de Janeiro, realmente aprovechamos esa ocasión para comer como pelones de hospicio (expresión popular mexicana). Los meseros paseaban entre las sillas con el espeto ofreciendo picaña, vaciado, costilla, molleja; nosotros respondíamos sí a todo con una ligera inclinación de cabeza pues no se debe hablar con la boca repleta; estos, sonrientes, proseguían llevando comida. Los comensales observaban la escena incrédulos, respetuosos tal vez. Como colofón una ensaladita por aquellos de la dieta y listo: paraísos humeantes de leña y tenedor libre.

Es ya una costumbre dormir dentro del vehículo cuando las condiciones climatológicas o geográficas impiden acampar. Para hacerlo elegimos estaciones de servicio en las cuales haya bastante presencia de camiones y conductores, ya que esto transmite seguridad (F). Coincidentemente la mayoría cuenta con churrasquerías donde se sirven abundantes porciones, sabrosas, especiales para choferes de camión que bien han sabido aprovechar viajeros mexicanos. Justo en una de ellas fuimos testigos del  duelo Fluminense – Boca Juniros, semifinal de la Copa Libertadores, mientras engullíamos nuestras raciones. Se vivía un gran ambiente, aunque el aficionado brasileño en general es menos escandaloso o grosero que el mexicano cuando mira fútbol por televisión. De manera curiosa, pudimos observar varias mujeres de vestido corto, ajustado, bebiendo cerveza alegremente. En Brasil la pasión futbolera trasciende géneros, mas pronto averiguamos que estas chicas estaban ahí para proporcionar servicios de relajamiento muscular a los conductores de camión ya bien cenados. Como de tales beneficios no pueden participar viajeros mexicanos, nos embadurnamos de repelente y preparamos otra noche de guerra contra los mosquitos.

Un poco de sol siempre es bienvenido, dirección a Fortaleza, (F) con nubes revueltas en el horizonte. (F) Jim Croce y Cat Stevens, cómplices peligrosos del paisaje, hablan de sombras lunares, penas de amor contadas a una operadora telefónica, regiones alguna vez propias. ¡Que ganas de tomarnos una cerveza pa’l rumbo del Zaric!

Lluvia de nuevo. ¿Serán tal vez cuarenta días y cuarenta noches? Casi nadie quiere ya cerrar los ojos.

La ciudad de Olinda es ante todo colonial. (F) Quiero decir que si perdemos bien la vista, descubrimos ropajes virreinales colgados de algún balcón. En el centro, por la Rua do Amparo, funcionan talleres de música y pintura, galerías, mercados artesanales como el Ribeiro, cafés de arte, títeres gigantes. Iglesias de diversa influencia arquitectónica asoman sorpresivamente al final de callejones empedrados, (F) bien iluminados por la antigüedad curiosa, cautelosa. En lontananza espera la playa, junto a grandes edificios mal iluminados por la modernidad rampante.

Estos últimos días hemos atravesado los estados de Sergipe, Alagos, Pernambuco, Paraíba, Río Grande do Norte, Ceará, Piauí, Maranhao, Pará, pertenecientes a este país descomunal que ha consumido grandes cantidades de gasolina, recursos económicos, capacidad de asombro. Se presiente ya el río Amazonas, origen de ficciones terribles, historias de sobrevivencia, leyendas hídricas; fuente vital a fin de cuentas. Nos adentraremos en él con muy poco tiempo de vigencia para las visas. Intentaremos conseguir una prorroga, lo cual parece imposible, o pagaremos una multa acorde al plazo excedido, opción que también constituye un gran sacrificio.

Arribamos a Belem partido el día del Sabado, e inmediatamente, sin prestar demasiada atención a la vida que transcurría leve alrededor, comenzó la búsqueda de una embarcación para trasladarnos (vehículo incluido), (F) a Manaus siguiendo el cauce de algunos ríos, los cuales desembocan o derivan del Amazonas y, en ciertas áreas, por el Amazonas mismo. Luego de preguntar aquí y allá, pues nadie en el puerto parecía tener claro el servicio requerido o la forma de proporcionarlo, dimos con la compañía naviera Sanave cuyo gerente operativo, afortunadamente, hacía su aparición esos instantes. Siempre amable, realizó varias llamadas a distintos subalternos y logró conseguir sitio en una embarcación que partía a las once horas del mismo día. Esta clase de navíos tardan de seis a siete días en desembarcar en Manaus, pues navegan contracorriente, y el siguiente estaba programado para el martes próximo. Decidimos entonces aprovechar tal oportunidad, dedicando las horas restantes a conocer un poco la ciudad.

Belem es un puerto construido por los portugueses (F) para salvaguardar una importante boca amazónica de las ambiciones de otras naciones europeas. Posee un mercado típico muy colorido (Mercado Ver o Peso), (F) y un centro de reminiscencias coloniales características de las pretensiones portuguesas de la época. Existen también construcciones recientes como edificios departamentales, centros comerciales, bancos, etc, que le otorgan cierto aire de modernidad. La vida nocturna es intensa pero no tenemos oportunidad de conocerla, pues la hora de embarcar está llegando. Atestiguamos entre sueños las maniobras y, al despertar completamente, navegamos ya.

La tripulación se compone de siete personas: Capitán, Contramaestre, Primer maquinista, Segundo maquinista, Tercer maquinista, Marinero y Jefe de cocina. Algunos bromistas y conversadores, otros más bien serios, pero todos personas amables, honestas, trabajadoras. Su jornada comienza a las cinco de la mañana aunque, en realidad, exceptuando al cocinero (F) los demás duermen por turnos para mantener continuo estado de alerta. La rutina gastronómica inicia con el café de manha (desayuno), a las once hacen un alto relativo para almorzar (comida), finalmente a las cinco toman lo que pudiéramos considerar cena y que ellos nombran yantar. Por aquello de adonde fueres haz lo que vieres, nos integramos rápidamente al estilo de vida disfrutando así los exquisitos platillos servidos a bordo (pescado asado (F), pollo al horno, ensalada de papa, carne al horno, café brasileño, avena, guayabada, etc), los cuales volvían más llevadero el traslado.

Preciso es aclarar que la embarcación mencionada cuenta únicamente con camarotes disponibles para la tripulación. Desde un principio quedó específicado que nosotros dormiríamos en las carpas, (F) o dentro del auto si el mal tiempo a ello obligaba. Así pues, instalados sobre plena plancha metálica, debimos sufrir el sol inclemente quemando espaldas, piernas y pies desnudos, agua colándose por mínimos rincones hacia las casas de campaña, los mosquitos despachándonos muy a su sabor cuando obscurecía. Sólo la música se convertía entonces en tabla de salvación, puente hasta la tierra firme de los afectos permanentes. Aprovechábamos las mañanas para leer o trabajar en la computadora y las tardes, realmente hermosas en río abierto, para fotografiar,  reparar desperfectos menores de la camioneta o escribir un poco.

El atardecer valida travesías insensatas, enciende las nubes que se queman sólo en apariencia. (F) Su piel es diferente, está hecha con material de sueños, resistente a desgracias e incomodidades humanas. Iglesias, caseríos y pueblos observan nuestro paso, (F) inmutables. Se necesita mucho más para asombrar a quienes pierden la mitad del patrimonio cada temporada de lluvias. De pronto se aproximan habitantes ribereños para intercambiar vegetales por sal y galletas. Conversamos despreocupadamente sin entender gran cosa. No tiene importancia. Hemos establecido una tregua: el sol se pone y continuamos avanzando.

Adivinamos ya las luces de Manaus.

Pronto estaremos en contacto. Adiós, y hasta donde América nos permita encontrarnos de nuevo.

Las fotos muy pronto estaran actualizadas, disculpen la demora!

  

6 responses so far

Next »